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octubre 02, 2005

ARENA EN EL BOSQUE. EL JUEGO

Siempre que me levanto trato de pensar algo nuevo, algo para hacer, algo para contar, para ver, pero inevitablemente termino haciendo las mismas cosas que siempre, y contando historias añejas que ya todos conocen, es que mi memoria ya no funciona como antes, no se recuerda ni de la mitad de las cosas, creo que es por mi escasa concentración, y al final, cuando estoy sola, vienen a mi mente cosas que ni siquiera sabía que existían, es como cuando voy a croquiar, termino visitando los mismos lugares de siempre, es que estos callejones y calles empinadas no hacen otra cosas que dirigir mis pasos hacia arriba o hacia abajo, y siento que nunca avanzara.

Caminar por la arena sin rumbo fue espantoso, llegar a un “no lugar” parecido al mío fue lo más agradable que sentí, pero los ruidos de las motos me aterraron, todos nos juntamos y nos mirábamos como exigiendo respuestas, como tratando de descifrar por donde aparecerían, pero bueno, creo que eso quedará en mi mente, difícil de olvidar, sobre todo la vuelta a casa, no encontrar la salida fue toda una aventura, la noche se aproximaba muy de cerca, la verdad es que yo me sentía muy tranquila, pero las niñas no hacían otra cosa que quejarse y desesperarse, me sugestionaban, pero trataba de no pensar, además qué nos podía pasar, no estaba sola, y a lo lejos se podía ver el mar, sólo eran dos opciones, seguir a “estos dos” que supuestamente nos buscaban salida o devolvernos al mar. El lugar para cruzar el estero no fue el más apropiado, un mísero tronco y afirmados de un alambre que nada tenía de tensado, casi no lo logramos, pero la ganas por salir de ahí fueron más fuertes. Me molestaba la arena en las zapatillas.

Me recordó un laberinto, quizás el juego pudo haber sido ese, pero ya estábamos cansados de pensar y jugar, le queríamos incluir agonía y desesperación, un verdugo quizás, pero a nada llegamos, el verdugo fue la naturaleza quien no nos quería dejar ir, nos desesperó tanto al punto de hacer nuestro propio juego agónico donde el enfrentamiento era entre nosotros y el lugar, nada tenía de ciudad abierta, por donde íbamos habían impedimentos para seguir caminando. Talvez el paisaje era tan encantador que quería encantar a estos jugadores, el bosque se sentía solo, y quería jugar, en la arena nos enterrábamos, y los árboles se nos enfrentaban, era un juego limpio, donde la naturaleza nunca perdería. Siempre quise perderme, bueno aunque lo estoy un poco, creer que el mundo es tan grande que un habitante menos daría lo mismo, estaría perdida para algunos, pero siempre muy cerca de mi misma, siempre sola, nunca tanto, algo acompañada. Dibujada en la arena.

Al lado de él, al tuyo, siempre conmigo, pero sin verte, alejados, pero de cerca, el bosque nos une en el centro, el vacío que habitábamos nos mantenía algo dopados, que difícil sería no pensarte. De mi memoria no te vas. La concentración es máxima cuando te imagino que hasta te podría sentir. En un juego te conviertes, donde las reglas aparecen lentamente, tu vida, el destino se irán escribiendo mientras exista una ficha, los jugadores se van eliminando, quizás la autoeliminación está predestinada. La meta nos dirá el triunfo, pero no la felicidad. Cuando el juego se haga verdadero es mejor huir o serás parte de él para siempre.

2 comments:

At 5:12 p. m., octubre 04, 2005, Anonymous Anónimo said...

"La meta nos dirá el triunfo, pero no la felicidad. Cuando el juego se haga verdadero es mejor huir o serás parte de él para siempre."

La meta nos dirá el triunfo, eso es la felicidad, triunfo. Cuando el juego se haga verdadero es mejor que NO huyas, sino te perderas de algo que podria ser para siempre....como los dioses.......

 
At 5:46 p. m., octubre 11, 2005, Anonymous Anónimo said...

Deja Vú










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